Los emigrantes, ahora
Por Eduardo Galeano
Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío,
año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca
de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.
No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano. En inmensas caravanas,
marchan los fugitivos de la vida imposible.
Viajan de sur a norte y desde el sol naciente al sol poniente.
Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras.
Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los sueldos exterminados y de los
suelos arrasados.
Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa,
golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus
narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas
prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar.
Sebastiáo Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su
largo trabajo, quedan trescientas imágenes. Y las trescientas imágenes de esta inmensa
desventura humana caben, todas, en un segundo. Suma solamente un segundo toda la luz que
ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del
sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.
(Disponible en: Galeano, E. Bocas del Tiempo. Siglo XXI Ediciones: 2004 – texto adaptado especialmente para este examen)