Hablar una segunda o incluso una tercera lengua
por supuesto que puede aportar ventajas, pero a veces
las palabras, la gramática e incluso los acentos pueden
confundirse. Esto puede revelar cosas sorprendentes sobre
el funcionamiento de nuestro cerebro.
La investigación sobre cómo las personas multilingües
hacen malabares con más de un idioma en sus mentes es
compleja y a veces contraintuitiva. Resulta que cuando una
persona multilingüe quiere hablar, las lenguas que conoce
pueden estar activas al mismo tiempo, aunque sólo se utilice
una. Estas lenguas pueden interferir entre sí, por ejemplo,
entrando en la conversación justo cuando no se espera. Y las
interferencias pueden manifestarse no sólo en los deslices de
vocabulario, sino incluso a nivel de gramática o acento. De
ahí que el hablante necesite tener algún tipo de proceso de
control del lenguaje. Si se piensa en ello, la capacidad de los
hablantes bilingües y multilingües para separar las lenguas
que han aprendido es digno de alabanza. La forma en que
lo hacen se explica comúnmente a través del concepto
de inhibición: una supresión de las lenguas no relevantes.
Cuando se pide a un voluntario bilingüe que nombre un
color que aparece en una pantalla en un idioma y luego el
siguiente en su otra lengua, es posible medir los picos de
actividad eléctrica en las partes del cerebro que se encargan
del lenguaje y la atención. Sin embargo, cuando este sistema
de control falla, pueden producirse intrusiones y lapsus. Por
ejemplo, una inhibición insuficiente de una lengua puede
hacer que esta “aparezca” y se entrometa cuando se debería
estar hablando en otra distinta.
La profesora de psiquiatría Tamar Gollan lleva años
estudiando el control del lenguaje en los bilingües. Sus
investigaciones han llevado a menudo a conclusiones
contrarias a la intuición. “Creo que una de las cosas más
singulares que hemos visto en los bilingües cuando mezclan
idiomas es que a veces parece que inhiben tanto la lengua
dominante, que acaban hablando más lentos en ciertos
contextos”, indica la experta. En otras palabras, la lengua
dominante de una persona multilingüe puede verse afectada
en ciertos casos. Por ejemplo, en la tarea de nombrar colores
descrita anteriormente, un participante puede tardar más
tiempo en recordar la palabra de un color en su primera
lengua cuando cambia a la segunda, en comparación con la
situación inversa.
(https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-62251858. Adaptado)