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Por Alberto Mesas
La cifra de muertos en Ceuta continúa aumentando. Según la ONG Caminando Fronteras, un
colectivo que lleva más de veinte años documentando las vulneraciones de derechos humanos en la
frontera sur española, ya son 141 las personas que han fallecido desde el pasado 30 de julio, cuando
decenas de miles de migrantes trataron de cruzar hacia suelo español, en lo que ya es la peor tragedia
humanitaria ocurrida en las costas de España. La organización detalla en su balance que, del total de
víctimas, 78 cuerpos han sido recuperados en aguas y territorio español, mientras que otros 63 han
sido localizados en la costa marroquí. Además, advierte de que esa cifra podría seguir creciendo
conforme avanzan las labores de búsqueda e identificación de personas desaparecidas.
Para Helena Maleno, la fundadora de Caminando Fronteras, los sucesos de Ceuta muestran una
instrumentalización de las personas migrantes en el marco de las relaciones bilaterales entre España
y Marruecos basadas en la externalización de fronteras. Maleno comenta que ha habido otras
ocasiones en las que el país africano “ha utilizado a los migrantes como moneda en sus intereses
geopolíticos, pero ahora es un paso cualitativo puesto que, además, Marruecos tiene detrás a dos
grandes socios internacionales como son Estados Unidos e Israel”.
La tragedia de Ceuta también ha reabierto el debate sobre la política migratoria de la Unión
Europea, la cooperación con los llamados “terceros países” – aquellos que no forman parte de la Unión
Europea – y las consecuencias humanitarias de un modelo que obliga a decenas de miles de personas
a jugarse la vida cada año para intentar alcanzar suelo comunitario. Sobre esto, Maleno asegura que
no se trata solamente del giro ultraconservador de las políticas europeas, sino que también habla de
la capacidad de deshumanización de las personas migrantes y de utilizarlas como herramienta de
intereses económicos, ya que, detrás del discurso del control, hay toda una industria de dispositivos
de vigilancia fronteriza, empresas de venta de armamento, sistemas informáticos, agentes, etc. “Estas
muertes están haciendo ganar mucho dinero a muchas personas”, señala la fundadora.
De hecho, el pasado noviembre, la Eurocámara aprobó un aumento de 400 millones de euros
en el presupuesto de control de fronteras y recortó en 6.000 millones de euros la partida de cohesión.
“Aquí detrás hay un negocio grandísimo”, puntualiza Maleno. “Lo que quieren [los países de la UE] es
que las personas intenten cruzar en condiciones cada vez de mayor vulnerabilidad, porque eso mueve
el negocio de los instrumentos de control”. También incide en que el discurso de las mafias de
traficantes de personas que esgrimen los Estados miembros “ni siquiera les sirve ya, ese discurso está
caduco”, y enfatiza que Bruselas se escuda en él: “mientras tienen en la cárcel a gente inocente
acusada de dar agua en los cayucos, de llevar el timón incluso cuando la patera ha naufragado o de
intentar salvar las vidas de los migrantes”.
A la vez, los principales líderes políticos y mediáticos de la extrema derecha española han
aprovechado para instrumentalizar la crisis fronteriza para reafirmar sus discursos xenófobos, esparcir
desinformación y difundir mensajes de odio. Con la estrategia de la criminalización de los migrantes
y los eslóganes de la prioridad nacional, los ultras de la derecha han ignorado a los muertos y a las
familias que siguen buscando a sus desaparecidas para repetir términos como “invasión” o hablar de
un falso colapso del Estado y de los servicios públicos como la sanidad. A ello se le ha sumado la
rápida y abundante difusión de bulos y contenidos engañosos a través de las redes sociales, con
imágenes descontextualizadas, cifras falsas o mensajes alarmistas. Para Maleno, la extrema derecha
ha encontrado en Ceuta “la situación óptima para seguir difundiendo su xenofobia y su odio”. Con
todo, destaca a los vecinos y vecinas de la ciudad que “hay que creer en una ciudadanía que entiende
que hay una situación terrible, que hay gente sufriendo en sus calles y que lo que no quieren es más
odio y más violencia”.
La fundadora de Caminando Fronteras incide en que estos discursos contra las personas
migrantes “calan porque los privilegios se basan sobre la explotación de otros, y porque estamos en
un contexto global donde la geopolítica entiende que en esto hay también intereses”. Por eso pide
“sentarse y revisar las narrativas, porque a veces, partidos políticos y organizaciones sociales siguen
enviando unos mensajes que no están sirviendo para analizar lo que está sucediendo”, y pone el
ejemplo del cuestionamiento de la libertad de circulación dentro de la UE (el espacio Schengen), donde
Italia, Francia, Alemania, Polonia, Países Bajos, Suecia, Austria y Noruega han establecido controles
a raíz de la crisis fronteriza de Ceuta.
Entre tanto los forenses trabajan para poner nombre a los cuerpos recuperados en Ceuta, a
ambos lados de la frontera decenas de familias continúan pendientes de recibir noticias de sus hijos,
hermanos o padres desaparecidos. Caminando Fronteras también está colaborando en ese proceso
de identificación y aseguran que entre las víctimas no solo hay personas de nacionalidad marroquí,
sino también procedentes de otros países de África como Sudán, Eritrea, Guinea o Costa de Marfil. La
identificación de muchos cadáveres sigue siendo compleja y la organización mantiene abiertos varios
canales de contacto para aquellos familiares que buscan información sobre sus seres queridos.
(Disponible en: www.elsaltodiario.com/frontera-sur/helena-maleno-muertes-ceuta-estan-haciendole-ganar-mucho-dinero-algunas-personas – Texto adaptado especialmente para este examen).