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1239959 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

En se hundió el pronombre se es

 

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1239955 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

La palabra bajo tiene función de

 

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1239953 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

Al final del texto, inferimos que las pistas del Gran Adria

 

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1239950 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

Según los investigadores, el continente Gran Adria

 

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1239947 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

La revista Gondwana Research ha publicado un artículo sobre

 

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1239944 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

Las pistas encontradas del Gran Adria, según el texto, son

 

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1239941 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

De acuerdo con el primer párrafo del texto, el Gran Adria

 

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1239937 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Hallan los restos de un continente perdido,

enterrados bajo el sur de Europa.

José Manuel Nieves

Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

Una historia violenta.

Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

En 30 países.

El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Periódico ABC – España. Texto adaptado.

El texto se refiere a un hallazgo estudiado por la

 

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1238725 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: URCA
Orgão: URCA
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Las plataformas abrazan el español para conquistar el mundo
«Somos afortunados. Estamos orgullosos de haber venido y vivir todo este éxito. En nuestras reuniones de Londres o Los Ángeles se habla de España como de un sitio muy interesante», comenta Ricardo Cabornero, responsable de Adquisición de Contenidos de Amazon Prime Video en nuestro país. El peso de la industria televisiva española se ha multiplicado en los últimos años e incluso en un foro como el festival de cine de San Sebastián se debate sobre el asunto. Responsables de varias plataformas lo hicieron en una jornada sobre «El impacto global de las series españolas».
«Hace tres años jamás habría dicho que ahora estaría en este festival», asegura Darío Madrona, productor ejecutivo de Zeta Audiovisual y uno de los creadores del fenómeno «Élite». Preguntado sobre el futuro por la profesora Elena Neira, experta en el sector y moderadora de la mesa, el guionista responde que «lo que mola es que parte del futuro está en nuestras manos». «Incluso aunque esto sea una burbuja, siempre quedarán los agentes más válidos y podemos estar entre ellos. Eso es alentador», añade.
La experiencia de Madrona es reveladora sobre el ascenso de las series españolas: «Hay una diferencia muy grande, como estar de repente en 190 países. La plataforma publicitaria y el alcance que tienes es distinto. También la repercusión y la responsabilidad. Abruma un poco». Todavía no estamos en igualdad de condiciones con otros mercados, pero al menos se puede competir: «Tenemos que jugar con nuestras armas, porque los americanos tienen muchas ventajas. Debemos combatir eso desde las ideas y el talento. Es complicado, pero un reto genial».
Más allá de percepciones personales, los datos objetivos son elocuentes. Susana Herreras, responsable de Desarrollo de Series Originales de Movistar+, repasa algunas cifras: más de cuatro millones de hogares y once de espectadores, que siguen creciendo. En un escaparate con decenas de títulos, «de las diez series más vistas ocho son producciones originales». La televisión es además un elemento principal para la marca: «Cuatro de cada cinco clientes valoran la televisión como algo esencial para quedarse».
Lo que puede hacer la ficción por la imagen del país tampoco se pondera lo suficiente: «Nos da mucha libertad ser una empresa española que trabaja para el mundo entero. Hemos hecho una apuesta por historias que suceden en lugares muy reconocibles, en ciudades y entornos que la gente reconoce. Luego las ven en todas partes del mundo, pero siempre desde aquí».
El reconocimiento ha llegado como algo casi natural, aunque no deja de sorprender: «Venimos de ganar con “Arde Madrid” como mejor ficción europea y en Cannes ganó dos premios “Vida perfecta”. En los mercados se está vendiendo y a veces alucino. “El embarcadero” se ha estrenado en 120 países. Cuando escribes las historias, una de las cosas que te preguntas es si se van a entender fuera. Cuando lo hacen, te anima un montón. En Iberoamérica llevamos meses estrenando en simultáneo casi todas nuestras series y la experiencia es muy buena».
Miguel Salvat, responsable de Contenido Original de HBO, presentó las primeras imágenes de «Patria», en la que hay depositadas muchas esperanzas. «Nos gustaría que tuviera cierta resonancia fuera, como ha tenido el libro», dice el directivo, que se resiste a comparar el título con «Chernobyl». ¿Necesita una compañía tan grande producir aquí? «Lo hacemos para que se hable mejor de la marca».
Diego Ávalos, director de Contenido Original de Netflix en España, desvela que desde que enseguida vieron «que había hambre en el mundo de contenido original en español, segundo idioma más hablado». Tomaron entonces la decisión «de estar en el país» y la mejor manera era abrir un centro de producción. «Hicimos un tour por varias ciudades para ver a los guionistas que trabajan en ellas y prestarles nuestra ventana, que da a 190 países, para que pudieran contar sus sueños». «España se está convirtiendo en la puerta de la ficción de habla hispana», añade.
Extraído e adaptado de www.abc.es
(URCA/2020.1) De acordo com as informações apresentadas claramente no texto, é correto afirmar que:
 

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1238722 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FADURPE
Orgão: CESMAC
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El concepto de la tercerización
En la búsqueda de una mayor eficiencia y a través de ella obtener ventajas competitivas, una de las tendencias que se están verificando actualmente es lo que se conoce como tercerización, externalización u outsourcing que, según Chiavenato y Arao (2011), consiste en: “… transferir a terceros la mayor cantidad posible de actividades y procesos que constituyen el producto final o los servicios que ofrece la organización” (p.172).
La tercerización permite a las organizaciones incrementar su rentabilidad, ya que supone que, al transferir algunas funciones a terceros, estos lo harán con mayor eficiencia, porque son empresas especializadas y, por ello, los costos operativos disminuyen.
Ahora bien, cabe la pregunta: ¿qué se terceriza? Se pueden tercerizar muchas operaciones, como afirma Franklin (2014): “La actividad que se contrata externamente puede comprender toda una función, un sistema, un proceso o una actividad de una organización” (p.302); es decir, se pueden tercerizar funciones tales como gestión de cobranzas, logística, contabilidad, soporte técnico, gestión de recursos humanos, fabricación y otras. Se puede aceptar que prácticamente todas las funciones y procesos operativos pueden ser transferidos a terceros (outsourcers) y esto permite a las organizaciones concentrarse solamente en aquellas competencias en las que tienen mayores ventajas.
A propósito de la tercerización, es correcto afirmar que:
 

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