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enunciado 940255-1
enunciado 940255-2
"(1)El súbito endeudamiento de las familias españolas fue una de las señales más nítidas de que la burbuja se hinchaba. (2)Como lo fue que la tasa de ahorro cayera hasta niveles mínimos en la historia moderna, cerca del 10%. (3)La economía española se situó más cerca que nunca del modelo imperante en EE UU y Reino Unido, los paraísos del consumismo: mínimo ahorro familiar y deuda masiva."

El fragmento anterior está formado por tres partes, acerca de las cuales se puede decir que
 

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enunciado 940254-1
enunciado 940254-2
En el 4º párrafo el pronombre ello se refiere a
 

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enunciado 940253-1
enunciado 940253-2
Las opiniones de los economistas que se vuelcan hacia el endeudamiento y el ahorro se apoyan a menudo en argumentos distintos. Marque la alternativa en la cual NO se presenta un aspecto dubitativo.
 

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enunciado 940251-1
"... la economía y la política monetaria, en todo el mundo, se manejan a punta de corazonadas ..." (líneas 28 a 30)

Tomándose el texto como base, en el trozo anterior la expresión subrayada se acerca semánticamente al sentido presente en
 

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enunciado 940250-1
En las opciones abajo la única en que el articulista NO se incluye en el cuerpo del texto es
 

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enunciado 940249-1
Claudio Silva a veces se vale de la ironía de forma explícita, tal como en la opción que se presenta abajo, al referirse a
 

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enunciado 940248-1
En los renglones 9 y 20 los periodos empiezan por dos conectores lingüísticos respectivamente "no obstante" y "sin embargo", que introducen a seguir una idea de
 

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enunciado 940247-1
Marque la opción que representa un punto de vista divergente de la opinión del autor.
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

El elemento “aunque” introduce una oración
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

En el texto, la expresión “de quien” es corretamente sustituible por
 

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