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2831770 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Passos-RS
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Legumbres y leguminosas, súper alimentos del futuro

Por Aurelio Martine

Las legumbres aportan beneficios no solo a los sistemas agroalimentarios, sino también a la nutrición y al medioambiente.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recordó una vez más la importancia de las legumbres y leguminosas para la salud nutricional y resiliencia climática de toda la población.

Este 2023, la FAO ha reiterado la necesidad de empoderar a los jóvenes para transitar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles y se reconoce que las legumbres son un alimento aliado para poder lograrlo.

Las legumbres contribuyen a aumentar la resiliencia de los sistemas de cultivo y permiten a los agricultores llevar una vida mejor, en entornos donde escasea el agua, pues su huella hídrica es baja y pueden tolerar mejor las sequías y las catástrofes relacionadas con el clima en comparación con otros cultivos alimentarios.

La incorporación de las legumbres en diversos sistemas de cultivo (como los sistemas agroforestales, los sistemas de cultivo intercalado y los sistemas agrícolas integrados) puede ayudar a fortalecer la resiliencia de los medios de vida agrícolas y mejorar la productividad.

“Las propiedades fijadoras de nitrógeno de las legumbres mejoran la fertilidad del suelo, lo que aumenta la productividad de las tierras de cultivo. Usando legumbres para los cultivos intercalados y de cobertura, las y los agricultores también pueden promover la biodiversidad agrícola y del suelo, manteniendo a raya las plagas y enfermedades nocivas", explicó el coordinador de FAO para Mesoamérica, Adoniram Sanches.

El coordinador de FAO añadió que, en el plano económico, la industria mundial de legumbres, que abarca la producción y el comercio, muestra una incidencia positiva en la consecución de la resiliencia de las cadenas de suministro regionales y mundiales, al permitir a los consumidores acceder a alimentos nutritivos y contribuir al uso sostenible de los recursos naturales.

(Disponible en: www.panamaamerica.com.pa/sociedad/legumbres-y-leguminosas-super-alimentos-del-futuro-1218113/amp – texto adaptado).

El texto plantea que el cultivo de legumbres puede:

 

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2831769 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Passos-RS
Provas:

Legumbres y leguminosas, súper alimentos del futuro

Por Aurelio Martine

Las legumbres aportan beneficios no solo a los sistemas agroalimentarios, sino también a la nutrición y al medioambiente.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recordó una vez más la importancia de las legumbres y leguminosas para la salud nutricional y resiliencia climática de toda la población.

Este 2023, la FAO ha reiterado la necesidad de empoderar a los jóvenes para transitar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles y se reconoce que las legumbres son un alimento aliado para poder lograrlo.

Las legumbres contribuyen a aumentar la resiliencia de los sistemas de cultivo y permiten a los agricultores llevar una vida mejor, en entornos donde escasea el agua, pues su huella hídrica es baja y pueden tolerar mejor las sequías y las catástrofes relacionadas con el clima en comparación con otros cultivos alimentarios.

La incorporación de las legumbres en diversos sistemas de cultivo (como los sistemas agroforestales, los sistemas de cultivo intercalado y los sistemas agrícolas integrados) puede ayudar a fortalecer la resiliencia de los medios de vida agrícolas y mejorar la productividad.

“Las propiedades fijadoras de nitrógeno de las legumbres mejoran la fertilidad del suelo, lo que aumenta la productividad de las tierras de cultivo. Usando legumbres para los cultivos intercalados y de cobertura, las y los agricultores también pueden promover la biodiversidad agrícola y del suelo, manteniendo a raya las plagas y enfermedades nocivas", explicó el coordinador de FAO para Mesoamérica, Adoniram Sanches.

El coordinador de FAO añadió que, en el plano económico, la industria mundial de legumbres, que abarca la producción y el comercio, muestra una incidencia positiva en la consecución de la resiliencia de las cadenas de suministro regionales y mundiales, al permitir a los consumidores acceder a alimentos nutritivos y contribuir al uso sostenible de los recursos naturales.

(Disponible en: www.panamaamerica.com.pa/sociedad/legumbres-y-leguminosas-super-alimentos-del-futuro-1218113/amp – texto adaptado).

Analise las siguientes afirmaciones relativas al texto:

I. Las legumbres contribuyen con la naturaleza.

II. El cultivo de las legumbres requiere agua en abundancia.

III. El plantio de legumbres tiene un rol en la biodiversidad agrícola.

¿Cuáles están correctas?

 

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2819918 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Quatro Irmãos-RS

El idioma español ralentiza su crecimiento en el mundo en 2022

01 La fotografía de la situación del idioma español en el año 2022 ofrece una novedad dentro

02 de su progresivo crecimiento en todo el mundo. El número de “usuarios potenciales”, resultado

03 de sumar a los nativos (496.573.842) con aquellos que tienen una “competencia limitada”

04 (75.625.447), que es como denomina el Instituto Cervantes a los que se defienden hablándolo,

05 más los estudiantes (23.748.298), alcanza los 595 millones, cuatro más que en 2021, el 7,5 %

06 de la población mundial. Sin embargo, ese crecimiento el año pasado fue de seis millones, lo que

07 significa que la velocidad del español se ralentiza. El informe El español en el mundo. Anuario

08 del Instituto Cervantes 2022, que este organismo presenta cada otoño, señala, según su autor,

09 David Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá, que esta reducción se debe a que,

10 como sucede desde hace años, “crecen los idiomas de otros lugares”, sobre todo en África

11 subsahariana, junto a una “razón coyuntural, el impacto de la covid". “A principios de este año

12 se calcula que ha habido un exceso de muertes en los países con el español como lengua oficial

13 o general de un millón de personas”.

(Adaptado de: https://elpais.com/cultura/2022-10-26/el-idioma-espanol-ralentiza-su-crecimiento-en-elmundo.html).

El texto se puede clasificar como:

 

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2819917 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Quatro Irmãos-RS

El idioma español ralentiza su crecimiento en el mundo en 2022

01 La fotografía de la situación del idioma español en el año 2022 ofrece una novedad dentro

02 de su progresivo crecimiento en todo el mundo. El número de “usuarios potenciales”, resultado

03 de sumar a los nativos (496.573.842) con aquellos que tienen una “competencia limitada”

04 (75.625.447), que es como denomina el Instituto Cervantes a los que se defienden hablándolo,

05 más los estudiantes (23.748.298), alcanza los 595 millones, cuatro más que en 2021, el 7,5 %

06 de la población mundial. Sin embargo, ese crecimiento el año pasado fue de seis millones, lo que

07 significa que la velocidad del español se ralentiza. El informe El español en el mundo. Anuario

08 del Instituto Cervantes 2022, que este organismo presenta cada otoño, señala, según su autor,

09 David Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá, que esta reducción se debe a que,

10 como sucede desde hace años, “crecen los idiomas de otros lugares”, sobre todo en África

11 subsahariana, junto a una “razón coyuntural, el impacto de la covid". “A principios de este año

12 se calcula que ha habido un exceso de muertes en los países con el español como lengua oficial

13 o general de un millón de personas”.

(Adaptado de: https://elpais.com/cultura/2022-10-26/el-idioma-espanol-ralentiza-su-crecimiento-en-elmundo.html).

La opción que expresa una idea opuesta a la palabra “ralentiza” (l. 07) es:

 

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2819916 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Quatro Irmãos-RS

El idioma español ralentiza su crecimiento en el mundo en 2022

01 La fotografía de la situación del idioma español en el año 2022 ofrece una novedad dentro

02 de su progresivo crecimiento en todo el mundo. El número de “usuarios potenciales”, resultado

03 de sumar a los nativos (496.573.842) con aquellos que tienen una “competencia limitada”

04 (75.625.447), que es como denomina el Instituto Cervantes a los que se defienden hablándolo,

05 más los estudiantes (23.748.298), alcanza los 595 millones, cuatro más que en 2021, el 7,5 %

06 de la población mundial. Sin embargo, ese crecimiento el año pasado fue de seis millones, lo que

07 significa que la velocidad del español se ralentiza. El informe El español en el mundo. Anuario

08 del Instituto Cervantes 2022, que este organismo presenta cada otoño, señala, según su autor,

09 David Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá, que esta reducción se debe a que,

10 como sucede desde hace años, “crecen los idiomas de otros lugares”, sobre todo en África

11 subsahariana, junto a una “razón coyuntural, el impacto de la covid". “A principios de este año

12 se calcula que ha habido un exceso de muertes en los países con el español como lengua oficial

13 o general de un millón de personas”.

(Adaptado de: https://elpais.com/cultura/2022-10-26/el-idioma-espanol-ralentiza-su-crecimiento-en-elmundo.html).

De acuerdo con el texto y el escenario mundial de la lengua española, NO se puede afirmar que:

 

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2815887 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Observe en el texto la frase “Después fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas” (l. 26). La frase que presenta el verbo poner con el mismo sentido presentado en el texto es:

 

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2815886 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Las formas verbales poner (l. 11) y detener (l. 21) son totalmente irregulares en el pretérito indefinido. ¿Qué otro verbo abajo se porta de la misma manera que poner y detener en ese mismo tiempo verbal?

 

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2815885 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Las palabras bolsa (l. 12), charol (l. 19) y acera (l. 51) significan en portugués, respectivamente:

 

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2815884 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Señale con V, para verdadero, o F, para falso las afirmaciones abajo, de acuerdo con el texto.

( ) El tren cruzaba distintos pueblos, plantíos y terrenos sin cultivo.

( ) La humareda de afuera penetraba en el vagón.

( ) La niña y la mujer lucían un luto severo.

( ) Cuando bajaron del tren, el aire estaba templado.

La secuencia correcta que completa los paréntesis, de arriba para bajo, es:

 

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2815736 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Según el texto, se puede inferir que:

 

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