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Leia o texto a seguir.

Desafíos clave en la enseñanza de Español como Lengua Extranjera y E/L2 para estudiantes rusohablantes

      Este estudio investiga la relevancia de la gramática contrastiva como herramienta en la enseñanza del español como lengua extranjera (ELE) y como segunda lengua (E/L2) para estudiantes rusohablantes, partiendo de la premisa de que las diferencias estructurales entre las lenguas pueden generar obstáculos significativos en el proceso de adquisición. El estudio busca comprender los principales desafíos que enfrentan estos aprendices, destacando la ausencia, la presencia y la divergencia de categorías gramaticales entre el ruso y el español. El análisis contrastivo de ambas lenguas permite identificar patrones recurrentes de dificultad y proponer estrategias pedagógicas específicas. La metodología consistió en un análisis comparativo de estructuras gramaticales en ruso y español, con énfasis en la conjugación verbal, los tiempos verbales y el uso de las preposiciones.

ALONSO, Jorge Torrellas. Desafios-chave no ensino de espanhol como língua estrangeira e e/l2 para estudantes russófonos. Domínios de Lingu@gem, Uberlândia, v. 19, p. e019019, 2025. DOI: 10.14393/DLv19a2025-19. Disponível em: https://seer.ufu.br/index.php/dominiosdelinguagem/article/view/77116. Acesso em: 21 dez. 2025.

O texto é o início do resumo de um artigo científico. Nele é apresentada uma proposta que visa contribuir para o ensino de espanhol a falantes de russo. Considerando comparativamente os processos do ensino-aprendizagem do espanhol do Brasil, essa proposta seria, de uma perspectiva didática, de escassa produtividade devido
 

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Texto 4
Tiempos Compuestos Relativos
       Se orientan desde un punto temporal a su vez orientado en relación con el acto de habla. Son los siguientes:
      (a) El pretérito pluscuamperfecto (había cantado). Designa una situación anterior al momento del habla, la cual, a su vez, es anterior a otra también pasada: Vi que alguien había cerrado la puerta (es decir, «cierre < visión < momento del habla», donde “<” expresa la relación de anterioridad). (b) El futuro compuesto (habré cantado) y el condicional compuesto (habría cantado) comparten la propiedad de denotar una acción futura anterior a otra también futura. Si la acción denotada es futura respecto del momento del habla, se usa el futuro compuesto: Cuando llegue, habrán salido (es decir, «salida < llegada; llegada > momento del habla», donde “>” expresa posterioridad); si lo es, en cambio, respecto de una acción pretérita, se emplea el condicional compuesto: Dijo que, cuando llegara, habrían salido (es decir, «salida < llegada; llegada > comunicación; comunicación < momento del habla»).
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA
LENGUA ESPAÑOLA. Nueva gramática básica de la lengua española.
Disponível em: https://www.rae.es/gramática-básica/el-verbo/tiempos-verbalesdel-modo-indicativo/tiempos-compuestos-relativos. Acesso em: 20 dez. 2025.
[Adaptado].
Na comparação entre o futuro e o condicional compostos, indica-se que ambos os tempos verbais são pautados por
 

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Texto 4
Tiempos Compuestos Relativos
       Se orientan desde un punto temporal a su vez orientado en relación con el acto de habla. Son los siguientes:
      (a) El pretérito pluscuamperfecto (había cantado). Designa una situación anterior al momento del habla, la cual, a su vez, es anterior a otra también pasada: Vi que alguien había cerrado la puerta (es decir, «cierre < visión < momento del habla», donde “<” expresa la relación de anterioridad). (b) El futuro compuesto (habré cantado) y el condicional compuesto (habría cantado) comparten la propiedad de denotar una acción futura anterior a otra también futura. Si la acción denotada es futura respecto del momento del habla, se usa el futuro compuesto: Cuando llegue, habrán salido (es decir, «salida < llegada; llegada > momento del habla», donde “>” expresa posterioridad); si lo es, en cambio, respecto de una acción pretérita, se emplea el condicional compuesto: Dijo que, cuando llegara, habrían salido (es decir, «salida < llegada; llegada > comunicación; comunicación < momento del habla»).
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA
LENGUA ESPAÑOLA. Nueva gramática básica de la lengua española.
Disponível em: https://www.rae.es/gramática-básica/el-verbo/tiempos-verbalesdel-modo-indicativo/tiempos-compuestos-relativos. Acesso em: 20 dez. 2025.
[Adaptado].
O pretérito mais-que-perfeito da língua castelhana, de acordo com o que é enunciado no segundo parágrafo, permite expressar
 

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Texto 4
Tiempos Compuestos Relativos
       Se orientan desde un punto temporal a su vez orientado en relación con el acto de habla. Son los siguientes:
      (a) El pretérito pluscuamperfecto (había cantado). Designa una situación anterior al momento del habla, la cual, a su vez, es anterior a otra también pasada: Vi que alguien había cerrado la puerta (es decir, «cierre < visión < momento del habla», donde “<” expresa la relación de anterioridad). (b) El futuro compuesto (habré cantado) y el condicional compuesto (habría cantado) comparten la propiedad de denotar una acción futura anterior a otra también futura. Si la acción denotada es futura respecto del momento del habla, se usa el futuro compuesto: Cuando llegue, habrán salido (es decir, «salida < llegada; llegada > momento del habla», donde “>” expresa posterioridad); si lo es, en cambio, respecto de una acción pretérita, se emplea el condicional compuesto: Dijo que, cuando llegara, habrían salido (es decir, «salida < llegada; llegada > comunicación; comunicación < momento del habla»).
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA
LENGUA ESPAÑOLA. Nueva gramática básica de la lengua española.
Disponível em: https://www.rae.es/gramática-básica/el-verbo/tiempos-verbalesdel-modo-indicativo/tiempos-compuestos-relativos. Acesso em: 20 dez. 2025.
[Adaptado].
Na apresentação dos tempos compostos, no início do texto, a categoria verbal apontada é
 

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Para responder a las preguntas 31 a 40, lea el texto a continuación.

Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

A partir de las ideas desarrolladas en el texto, analice las siguientes afirmaciones:

I. El texto advierte sobre el riesgo de que los museos se conviertan en instrumentos de intervención narrativa.

II. El autor propone que los museos deben priorizar una versión épica y cohesionada de la historia.

III. Un museo que enseña expone tensiones y múltiples perspectivas sobre los hechos históricos.

Es CORRECTO lo que se afirma en:

 

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Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

En el marco de la acentuación gráfica del espaõol y la clasificación de palabras según la posición de la sílaba tónica, identifique cuál de los siguientes vocablos NO corresponde a una palabra esdrújula.

 

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Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

Considere el fragmento del texto: Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. En este contexto, la palabra prudencia se clasifica morfológicamente como:

 

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Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

Considere el siguiente fragmento del texto: Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. En este enunciado, el conector sino establece una relación de rectificación entre dos ideas contrapuestas, sustituyendo la primera por la segunda. Señale el equivalente MÁS ADECUADO de este conector en portugués, manteniendo el mismo valor semántico y funcional.

 

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Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

En la expresión remoción u ocultamiento, el empleo de la conjunción u en lugar de o se justifica por:

 

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Museos, memoria y rigor

Cuando los museos históricos se convierten en espacios de intervención narrativa, el problema ya no es qué se muestra, sino cómo se construye el sentido de lo mostrado.

En las últimas semanas se informó sobre la remoción u ocultamiento de determinadas piezas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante una eventual visita del presidente de la Nación Más allá de las razones concretas - que algunos atribuyen a un exceso de celo por parte de funcionarios obsequiosos -, el episodio ofrece una oportunidad para una reflexión más amplia.

Hay instituciones que, por su propia naturaleza, están obligadas a una forma particular de prudencia. Los museos históricos son una de ellas. Su autoridad descansa precisamente en la confianza del visitante en que lo que allí se exhibe ha sido seleccionado, ordenado y contextualizado con un mínimo de rigor. Esa confianza es frágil y se resiente si el museo deja de ser un espacio de reconstrucción para convertirse en un espacio de intervención.

El reciente debate en torno a lo ocurrido en ese museo - presentado en algunos ámbitos como un episodio de censura y en otros como una corrección de contenidos - revela, en el fondo, una dificultad más profunda: la tentación de utilizar el espacio museográfico como herramienta de una narrativa cerrada, impermeable a matices. El problema no es nuevo. La historia argentina reciente - atravesada por la violencia política, la represión ilegal y la guerra de 1982 - es particularmente sensible a este tipo de operaciones.

En ese contexto, el museo debería ofrecer algo que hoy parece escaso: complejidad. Porque complejidad no significa relativizar los hechos. Significa, por el contrario, resistir la tentación de simplificarlos.

Un museo sobre Malvinas no puede reducirse a una épica sin fisuras, pero tampoco a una lectura exclusivamente crítica que diluya el significado que ese episodio tiene para amplios sectores de la sociedad.

La cuestión de fondo es si el museo conserva su vocación de espacio de conocimiento o si se transforma, gradualmente, en un dispositivo de persuasión. Porque la diferencia no es menor. Un museo que enseña expone tensiones. Un museo que persuade las resuelve de antemano. Y cuando eso ocurre, el visitante ya no recorre una historia: recorre una conclusión con una carga ideologica.

Tal vez el desafío más exigente de nuestras instituciones culturales no sea tomar partido, sino sostener el rigor incluso cuando el tema invita a abandonarlo. Porque si algo no puede permitirse un museo histórico es convertir la memoria en un argumento.

Adaptado de: https://www.lanacion.com.arleditoriales/museos-memoria-y-rigor-nid21042026/

A partir de las inferencias posibles del texto, evalúe las siguientes interpretaciones sobre la función del museo y la noción de confianza del visitante:

(1ª parte): Cuando el autor afirma que la confianza del visitante es frágil, sugiere que el público carece de formación suficiente para interpretar contenidos históricos complejos.

(2ª parte): El autor sostiene que el museo debe mantener una función de conocimiento más que de persuasión.

Se puede afirmar que:

 

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